¿POR QUÉ SONRÍE LA MONA LISA?


Hace unas cuantas semanas la compañía californiana de ciber tecnología “OpenAI” anunció la creación de un sistema de inteligencia artificial que es capaz de resolver ecuaciones, traducir textos en inglés a varios idiomas, desarrollar páginas web, escribir textos, notas periodísticas y comunicados, por medio de un algoritmo que sintetiza los procesos mentales que los humanos hemos desarrollado en nuestra evolución como especie para tener la capacidad de generar creaciones artísticas.


Sin embargo, desde mi punto de vista, la idea de que una máquina por más inteligente y sofisticada que esta sea, sea considerada una “entidad creadora de arte” no me convence del todo, pues para ser artista es imprescindible ser primero espectador, lo cual implica el poder reaccionar emocionalmente ante un espectáculo, interpretar desde nuestra muy personal perspectiva una obra de arte, soñar y viajar hacia realidades alternativas por medio de nuestro pensamiento, y quizá lo más importante, dedicarle nuestro tiempo libre a esas placenteras actividades lúdicas que nos permiten aligerar nuestra existencia de la rutina cotidiana para mantenernos constantemente entretenidos; luego entonces, emocionarnos, sentir placer, interpretar una obra desde una perspectiva personal , soñar, dedicarle un tiempo precioso de nuestra existencia a simplemente a “no hacer nada” y mantenernos entretenidos, son cuestiones que una máquina que “lo hace todo”, irónicamente, jamás podrá hacer. He ahí la diferencia entre ser artista y espectador, o ser un artefacto que ha sido construido para ordenar el caos, pero que no logra asimilar que es precisamente del caos donde surge la creatividad y el arte.


Lo que sí me queda muy claro es que la sociedad y la cultura construyen ese conglomerado de personas, las cuales tienen en común coincidir (existencialmente hablando) en una determinada época histórica. Al paso del tiempo, los elementos de la identidad grupal que determinan la pertenencia a una generación (como son los ideales, gustos, costumbres y modas), terminan por ser cuestionados y muchas veces confrontados por las nuevas generaciones, en un ciclo interminable que marca la evolución de nuestra sociedad.

El arte es evolución y revolución, y solo las obras y los creadores universales superan el paso del tiempo para alcanzar la etiqueta de “universales”.


Nuestros días son el tiempo de la revolución digital… En un ejercicio de autoanálisis imaginemos que la sociedad contemporánea es una gran fotografía, por supuesto, del tipo digital, en donde cada diminuto pixel que compone esta imagen instantánea de nuestros días tiene su propio tono, color y espacio. Para darle a esta imagen un valor artístico y un rostro universal, imaginemos que nuestra instantánea es la representación fotográfica de la “Gioconda de Leonardo Da Vinci”, obra que puede ser considerada la pintura más famosa de todos los tiempos pues desde hace ya 514 años la enigmática sonrisa de Lisa Gherardini (La Mona Lisa), sigue cautivando a quien la observa, sin importar su nacionalidad, edad, género, edad o condición social.

Pocas obras han sido objeto de tantos y tan profundos análisis, han sido versionadas en todas las corrientes pictóricas y su sonrisa es un referente universal. Los conocedores en el tema coinciden en el hecho de que el pintor renacentista, logró no solo recrear maravillosamente la realidad desde un punto de vista artístico a través de la técnica del “sfumato” o difuminación, sino que al utilizar métodos matemáticos para medir las proporciones humanas, logra un vínculo único entre arte y ciencia, creatividad y tecnología…


Pues bien, esta Madonna de Giocondo que nos sonríe con un dejo de nostalgia, provocación y misterio, podría ser según mi propia apreciación, la mejor representación de lo que ha significado el arte, el entretenimiento y el espectáculo para el ser humano desde el inicio de los tiempos, pues sin importar la época, la nacionalidad o cualquiera de las etiquetas de nuestra diversidad, todos los seres humanos tenemos la necesidad de acudir al entretenimiento como parte de nuestra cultura, desarrollo e identidad.

Pero regresemos a nuestra fotografía digital de La Mona Lisa: en ella, como ya lo he descrito, podemos apreciar gracias a la gran resolución con que fue tomada la imagen, los trazos y pinceladas de Leonardo, pero al irnos acercando cada vez más, podemos comenzar a ver que esta fotografía se encuentra integrada por pequeños cuadros o pixeles, los cuales no son iguales y cada uno de ellos tiene su propio color y tonalidad; sin embargo, en conjunto todos son parte de lo mismo, y si faltara uno de ellos la obra no sería tampoco la misma.


Lo mismo ocurre con el entretenimiento. La idea es que todos somos pixeles de una misma imagen que vista desde una perspectiva panorámica nos incluye a todos y al mismo tiempo nos representa fielmente como parte de una globalidad fractal.


Ahora que de alguna manera ya nos hemos hecho a la idea de que por lo menos en el presente y en un futuro inmediato tendremos que acostumbrarnos a las secuelas de la pandemia globalizada, muchas han sido las reflexiones y aprendizajes que como sociedad hemos tenido que aceptar como parte de nuestra adaptación a la “nueva realidad”.


En estos tiempos de confinamiento se ha hecho más evidente que el entretenimiento es un aspecto de vital importancia en nuestra cultura contemporánea; los especialistas e investigadores en el tema, como la agencia Analítica Prosumers, han concluido a través de sus estudios de consumo, que el año pasado 2019, un 53% de los encuestados consideraban primordiales las actividades que les proporcionan entretenimiento, diversión y esparcimiento; mientras que en el último estudio realizado por la misma agencia norteamericana en el 2020, el porcentaje de personas que a partir de la pandemia perciben el entretenimiento como indispensable en su vida, llegó al 83%.


Como especie humana, nuestro reto al destino ha sido siempre superar la adversidad y sobreponernos. La frase popular “o te aclimatas o te acli- mueres” parece que es el común denominador de nuestra evolución en esta tercera roca del sistema solar, pero en este tiempo de confinamientos, pausas y distancias, he llegado a muchas conclusiones… pero quizá la más importante es, como dicta una de las frases más recurrentes en el mundo del entretenimiento y el espectáculo, la cual ha sido atribuida al cantante francés Charles Aznavour, pero también es el último tema que cantara Freddie Mercury… ¡“The Show must go on”! cuya traducción es “El espectáculo debe seguir”, o como se dice con cierto tono cómico en el argot televisivo cuando sucede un imprevisto: “Ni modos, llegó el chomosgón”.


Sin lugar a dudas, el arte, el espectáculo y el entretenimiento, se convirtieron en los protagonistas de esta era de confinamiento que todo mundo espera ya se acabe para que dejemos de ver la vida desde lejos y en soledad; divertirnos, entretenernos y disfrutar de una buena película, una obra de teatro espectacular, un concierto en vivo con esas canciones que hace que las multitudes aplauda, griten y canten a coro… Tan solo pensar en ello me provoca que se me erice la piel y no puedo dejar de sonreír con un dejo de nostalgia, esperanza y hasta con un poco de ironía y reproche al pensar que antes, en los tiempos del ayer, muchas veces dejé de ir a muchos conciertos pretextando que “seguramente se iba a llenar hasta el tope” y “es muy incómodo estar rodeado de una multitud”… esa multitud cuyo “feeling” colectivo, poderoso y energético, ahora tanto añoro… Quiero pensar que la mismísima Mona Lisa sonreiría al pensar en lo contradictorio que somos los seres humanos, pues aunque siempre pensamos que “todo tiempo pasado fue mejor”, nos esmeramos para construir y desarrollar sistemas tecnológicos de “inteligencia artificial” con la idea de crear un mejor futuro, que terminamos complicando, irremediablemente, a través de nuestra inhumanidad latente y las pésimas decisiones, nada inteligentes, que tomamos como especie… un día sí y el otro también… ¿qué ironía, no creen?

Lo cierto es que entre el pasado y el futuro está el presente, y hay que vivirlo cada día y cada momento con alegría, pasión y la mejor actitud, pues el pasado ya fue, el futuro no ha sido y lo único real es el presente, esta palabra que significa también obsequio, sorpresa y un regalo para festejar.


Así es que queridos lectores, celebremos la vida hoy, divirtámonos, aprendamos cada día algo nuevo, recuperemos la ilusión y la capacidad de asombrarnos, de equivocarnos y sonreír, pues no somos robots, somos seres humanos que nos distinguimos por ser perfectamente imperfectos.


Hay que aceptarlo: vivir es maravilloso y esto no termina hasta que se acaba, porque como dice la frase del espectáculo, pase lo que pase y a quien le pase: ¡The show must go on¡